La mujer yace a un lado de la cama, derrotada. El hombre duerme plácidamente a su lado, aunque parece que esté a años luz de ella. La mujer llora, silenciosa, pues sabe que si despierta al hombre, su furia puede caer de nuevo sobre ella y golpearla con más fuerza aún, si cabe.Otro dia, otra paliza. Ella se pregunta como pudo el hombre al que tanto había amado un dia haberse convertido gradualmente en la bestia que ahora teme.
Llora silenciosa, enfurecida consigo misma, sin otro testigo que su almohada empapada en llanto. Aun no sabe si le habrá dejado señales esta vez. No ha querido levantarse para mirarse en el espejo por temor a despertar al dragón dormido.De repente, un movimiento a su lado. El corazón se le encoge, aguanta la respiración. Oye el ronquido acompasado de su marido, nuevamente. El alcohol ha ejercido un efecto somnifero, que permite a la mujer confiarse, cerrar los ojos y entrar en esa especie de semisueño, de duermevela, que la acompaña cada noche.
Aprieta con fuerza la sabana, cerrando su puño sobre ella. El llanto no se acaba, y piensa en la criatura que duerme en la habitación de al lado. Ya no piensa inocentemente que puede ocultarle la verdad. Esa verdad tan evidente que la acompaña dia tras dia en forma de moratones y cicatrices. Se pregunta qué pensará de ella.Las lágrimas no dejan de acudir a sus ojos. Ella se pregunta si alguna vez todo cambiará. Si todo será distinto algún dia, y volverá ese hombre al que tanto amó. Algunas veces le mira a los ojos, intentanto buscar en su mirada al joven del que un dia se quedo prendada. Sin embargo, cuando sus miradas se cruzan, baja la cabeza sin disimulo, y se da cuenta de que ese hombre ya no está. De que murió hace mucho tiempo. O de que tal vez nunca existió.
miércoles, 30 de enero de 2008
Grito silencioso
Publicado por
Benito Olmo
en
12:40
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1 comentario:
Durante milenios la sociedad mató el instinto de supervivencia de la mujer, no hemos visto que estas víctimas son nuestras hijas. Cada uno de nosotros tiene el poder de ayudar si deja de ser indiferente. Un abusador, golpeador, destructor contra su propia familia, no es confiable ni honesto en ningún área de la vida. ¡Claro que todos y cada uno tenemos el poder para combatirlos!
Pero, ante todo tenemos el deber de educar, fortalecer, rescatar y abrazar a esas víctimas que no saben cómo escapar de ahí.
http://enfugayremolino.blogspot.com/
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